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CONCIERTO - JUNIO Sala Alberto Ginastera Jueves 30, 21 hs.


Música / Concierto
Studi per L’intonazione del Mare

Obra de Salvatore Sciarrino para 100 saxos y 100 flautas.
Estreno en Argentina.

Una experiencia estética inédita vivirán quienes asistan en la Sala Ginastera del Teatro Argentino de La Plata al concierto organizado por el TACEC en el cual se ejecutará la obra de uno de los compositores contemporáneos vivos más importante del mundo. Para evocar los sonidos del mar, Salvatore Sciarrino creó una pieza para un cuarteto de flautas y un cuarteto de saxos solistas, una cantante, un percusionista y una orquesta integrada por cien saxos y cien flautas.

El jueves 30 de junio próximo, a las 21, en la Sala Alberto Ginastera del Teatro Argentino de La Plata, dependiente del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, el Centro de Experimentación y Creación (TACEC) del primer coliseo bonaerense presentará Studi per l´intonazione del mare de Salvatore Sciarrino
La dirección musical estará a cargo de Santiago Santero y la dirección de arte e instalación de Minou Maguna. Como asistentes del director de orquesta se desempeñarán Pablo Druker (saxos) y Natalia Salinas (flautas). Habrá palabras grabadas por Salvatore Sciarrino especialmente para esta oportunidad. Participarán María Virginia Majorel (voz), Patricia García, Elisabeth Magasian, Juliana Moreno y Sergio Catalán (flautas), el cuarteto italiano de saxos Lost Cloud (integrado por Marco Piazzi, Marco Bontempo, Gianluca Pugnaloni y Alberto Napolitano) y Arauco Yepes (percusión). El entrenamiento de los saxos corrió por cuenta de Emiliano Barri, Fabio Goy y Martín Moore y el de las flautas de Patricia García. Como coordinadora de producción intervino Luciana Milione y como asistentes de producción Maximiliano Gallo y Daniel Chernov.
Las entradas generales, con un valor de $ 10, podrán adquirirse en las boleterías del Teatro, de martes a domingos, de 10 a 20, o a través de TuEntrada.com, Tel. 5533-5533 (Capital Federal).

“Una vastísima orquesta de instrumentos iguales” por Martín Bauer
Este sorprendente proyecto fue originalmente comisionado por el Sacro Convento di Assisi en coincidencia con dos circunstancias: la inauguración de la Basílica Superior, que había permanecido cerrada después de los daños que le provocó el terremoto de 1927, y el Jubileo del año 2000. Más allá de la celebración que le dio origen, con el tiempo esta creación de Salvatore Sciarrino fue adquiriendo un nuevo significado, ligado por un lado a la exploración sonora que el autor realiza en todas sus composiciones, y por el otro, respecto de la misma obra como metáfora de un viaje existencial, individual y colectivo. No menos importante fue la decisión del compositor de involucrar en una obra artísticamente muy exigente a jóvenes que por diversas razones no se acercaban a la música contemporánea. De ahí la elección de la instrumentación, que permite que en las orquestas de flautas y saxos participen instrumentistas no profesionales. El orgánico de esta obra es absolutamente original en la historia de la música. Sciarrino pensó la escritura de la obra como una analogía entre la función que cada uno de los músicos tiene en esta vastísima orquesta de instrumentos iguales con la que tuvo “cada piedra que San Francisco buscaba para construir su iglesia”. La composición, en palabras del autor, se basa en el interminable diálogo entre lo individual y lo grupal. Hay indudablemente un costado espectacular en esta obra debido al número de intérpretes involucrados. Pero que deviene un aspecto secundario cuando la música comienza y aparece un gigantesco fenómeno acústico producido por la multiplicación de infinitos y pequeños sonidos que evocan, metafóricamente, todos los que para el compositor están implicados en el rumor del mar. Sciarrino apela a “los oídos inteligentes que abriendo sus conciencias van dando vida al desierto”. Y se pregunta: “¿Cómo se canta el mar? ¿Por dónde se empieza? ¿Por un imperceptible movimiento del aire? ¿Por una paulatina deformación del reflejo? Una leve vibración se propaga a través de una imagen. Minúsculas ondas. Se multiplican, aparecen, desaparecen e inmediatamente renacen. Vientos salvajes, olas desmedidas, monstruosas cavernas de espumas. La furia se escucha en la distancia. Sería terrible estar dentro de ese mar. Una tempestad se compone de infinitos golpes de viento. ¿Hay algún punto de escucha ideal? Una ola es siempre memoria, tiempo, energía. El pulso de nuestra sangre”. Pero hay también en el mar palabras ahogadas y un espacio resonando, inmóvil. El horizonte suspendido de las flautas, lentamente se transforma en una pulsación apenas perceptible cuando empieza a llover. Las gotas ya no pueden contener el agua. El encanto se termina. Para Sciarrino, el infinito es posible e irreal tanto como imposible y verdadero. Por eso logra cantar lo que no puede ser dicho, lo que sólo se observa: la respiración. Cuando se presentó la obra en el Festival de las Naciones realizado en Città di Castello, pueblo de la región de Umbria (Italia) donde Sciarrino reside desde hace años, en la catedral de esa ciudad, hacia el final de la pieza, el público alzaba su vista hacia las ventanas. ¿Es posible un poder de sugestión semejante? Y es que la música de Sciarrino induce a escuchar la realidad de una nueva manera. La posibilidad de contar en esta versión -que tendrá su propia singularidad debido al trabajo visual de Minou Maguna - con el cuarteto de saxofonistas italianos Lost Cloud, que la estrenó, y con palabras de Sciarrino grabadas especialmente para esta ocasión, nos permite pensar en una continuidad, porque como bien sabemos el mar, que es siempre otro, también es siempre el mismo. Las manos maestras de Santiago Santero y su equipo de colaboradores, los codirectores Natalia Salinas y Pablo Druker, junto a los flautistas Patricia García, Sergio Catalán, Elisabeth Magasian y Juliana Moreno, el percusionista Arauco Yepes y la cantante Virginia Majorel nos aseguran atravesar la tempestad que siempre supone encarar este tipo de desafíos en nuestras costas.